A quien se sienta atrapadx en la mente hiperestimulada

Sobre la potencia de la mente en tiempos acuarianos

ASTROLOGÍAESCRITURA

2/12/20264 min read

A quien se sienta atrapadx en la mente hiperestimulada:

sé que hoy todo parece gigante y te abruma.
Sé que la información viene de todas partes, el estímulo es constante
y entrás en una pulsión adictiva que te drena.
La tensión sube, la electricidad está en el aire y en tu cuerpo.
No sabés hacia donde. No sabés cómo detenerlo.
No sabés cómo desconectar del flujo disruptivo, continuo, imprevisible y caótico.
Querés controlar y todo se te escapa de las manos.

La humanidad ha construido sistemas abstractos increíbles. Pero en el camino ha decidido dejar de lado nuestra humanidad. El progreso, la mente racional, las ideas, no pueden tener rienda suelta en un cuerpo colectivo presente que cuida su ternura y su comunidad. La mente que quiere estar en todas, recibirlo todo, crecer hacia todas partes es producto de la humanidad que la ha construido.

Pero, ¿hacia dónde nos han llevado los valores masculinos de hiperproductividad e hiperconectividad? ¿Qué conquista es esta en la que estamos más desconectados que nunca al estar más conectados que nunca? ¿Cómo incorporar esta nueva forma de existencia tecnológica a una vida humana, terrenal, mamífera y sensible?

Silencio y cuerpo

Aún en las noches de ráfagas de más de 100km hay momentos de silencio.
Aún frente al mar más embravecido hay un instante de silencio
que suspende el miedo.
Aún en una mente hiper frenética, tenemos que poder
encontrar un instante de silencio.
Tal vez en la ducha, tal vez en un beso, tal vez en el primer
bocado de una comida deliciosa.

Un silencio de placer que nos da la calma de recordarnos parte de una mente mayor. Todo lo que pienso, siento y anhelo, no es solo mío. Pero solo cuando lo comparto, lo materializo, lo cuento, puede ser alojado por una red comunitaria real. Esto baja la presión y sube la sensación de contención. ¿Nos permitimos ser arropados por el grupo circundante?

La mente que necesita nombrar, racionalizar y entender
está muy lejos del cuerpo que vive.
Explicar no es vivir, significar no es experimentar.
La mente tiene mucho poder, pero encerrada en las nimiedades de los miedos aprendidos, queda simplemente accionando por repetición.
Como un loro loco que solo sabe repetir qué no, qué sí, qué probablemente.

¡Ay, el probablemente! Fatal destino de la mente pequeña: solo recordar el pasado, solo planear futuros que nunca llegan. El loop es insoportable. La mente repite, repite, repite. El cuerpo no descansa, la emoción no cesa, el dolor continua y continua.

Para salir del torbellino incesante de pensamientos hiperconectados con todo y nada a la vez, mi medicina es simple, pero no por eso instantánea.

Primer paso: escribir, escribir, escribir.

Mucho, todo eso que está dentro.
La mente quiere hablar y para que ese relato interno y eterno se detenga, primero hay que ver qué quiere decir. Escribir OBLIGA a un ritmo más lento, el necesario para generar el trazo en el papel. Bajamos al CUERPO de la materia.
Repetir el gesto, una y otra vez, hasta que se haga costumbre.
Como un ritual de limpieza, como ir a ducharte todos los días,
como un espacio de descarga.

Segundo paso: poner la mente a accionar en lo que sí nos beneficia.

Al detener la mente podemos empezar a descansar y a la vez registrar qué hay detrás de tanto parloteo. Ahí transformamos el mecanismo que nos agobia en un mecanismo que nos ayuda.

No está mal racionalizar, imaginar, analizar. Lo malo es cuando nos enclaustra en nuestro interior y nos paraliza. Tal vez luego de dos o tres hojas comprendo: “Ah, todo esto es por miedo a estar sola”. La neurosis que empezó por un cruce de miradas con un extraño, termina en el papel recordándote que el miedo no te permite seguir tu impulso.

Podemos, en la intimidad de nuestro diálogo interno, bajar el ritmo y observar los patrones que se repiten. Y empezar a confiar.

Tercer paso: reeducar a la mente y transformarla en nuestra amiga

El ingenio y la imaginación, la capacidad de significar la existencia, de narrar y de construir un yo es lo que nos diferencia como seres humanos del resto de las especies.

¿Por qué dejamos que ese gran don sea nuestro calvario? ¿Por qué vivimos el sufrimiento en aislamiento? ¿Por qué le damos tanto poder de control a la mente?

Acá un punto CLAVE: la mente controladora es el problema.
Una mente que prevé, organiza y gestiona es una mente
integrada para nuestro crecimiento.
Una mente que controla, juzga, reprime y aísla,
es un vergudo dentro nuestro.

Queremos ponerla a trabajar a nuestro favor. Queremos amar esta mente maravillosa que nos permite tener ideas fantásticas y construir el plan para materializarlas.

Pero primero hay que matar a la otra, la mente chiquita, la mente limitante.
Para luego gestar, construir, moldear poco a poco una mente abierta, consciente, liviana. Esta mente se activa cuando la necesitamos, no anda parloteando todo el día sin sentido.

El futuro que deseamos

La mente que deseamos habita el presente.
Que es el único lugar que habitan nuestro cuerpo y nuestra emoción.
Solo estando acá puedo sentir este amor, puedo disfrutar de este sol, puedo satisfacer mi necesidad presente. El futuro que deseo no se construye en una mente frenética, se construye en una acción cotidiana amable y presente.

Las ideas son necesarias, el poder de nuestro pensamiento es potente. Pero solo cuando va acompañado de acciones presentes que nos lleven a donde queremos ir. De lo contrario es aturdimiento y parálisis. De lo contrario son fantasías estrafalarias que pretenden cambios, futuros y acciones que no contemplan la capacidad del cuerpo sintiente que somos.

Necesitamos integrar las ideas al cuerpo que puede llevarlas a cabo. Necesitamos poner la mente a la altura del corazón, para que sea nuestra aliada en la construcción de nuestro sueño.

Necesitamos una mente conectada con lo que nos importa, no con todo lo posible.

A quien se sienta atrapadx en una mente hiperestimulada,
espero de corazón que estas palabras te den calma y perspectiva.
Estuve ahí y sé que se puede vivir de otra manera.
Con amor,
Emi.